Nuestra pequeña historia
La Farmacia del poeta nace del profundo deseo sanador.
Aquel joven Antonio aprendiz de todo, no le tenía miedo más que a la enfermedad. El trabajo nunca le doblegó. Un deseo desmedido por aprender siempre le empujó. Y su voluntad de hierro, resistió todas las tormentas que afrontó en búsqueda incansable de la verdad.
Llegado el tiempo de definirse, optó por acudir a la Universidad de Salamanca, para consolidarse como persona y aprender a curar – desde la química y la formulación magistral- el cuerpo y el alma.
Llegó a santa Marina del rey decidido a abrir la primera botica. Allí se instaló, prosperó y conoció a María Del Carmen Pérez Corredera, también farmacéutica en Castrocalbón.
Ejerció durante 23 años en la ribera del Órbigo, donde tuvo oportunidad de seguir escribiendo versos y formar una familia.
En el 2003, la suerte, la inspiración o el destino le traen a León para ejercer en una farmacia a poco más de 100 metros del parque Quevedo, lugar que se convertiría en su santuario para la observación, la reflexión y la poesía. Allí trabaja codo con codo con su mujer Mari Carmen y los últimos 4 años con su hija Carmen, tratando de transmitirle experiencia, conocimiento y amor a unas de las profesiones más bonitas del mundo.
Se jubila a los 65 años dejando su legado a su hija con 18 libros publicados. A día de hoy, honra a su padre con su proceder y asesora en todo tema relacionado con la salud.
